8 Oct

Émile Benveniste

 

Nacido en El Cairo en 1902, Émile Benveniste fue profesor de lingüística en el Collège de France entre 1937 y 1969, año en el que se vio obligado a retirarse por problemas de salud. Murió en 1976. Estudió en la Sorbona con Antoine Meillet, antiguo alumno de Ferdinand de Saussure, y sus primeras obras, en los años 30, fueron una continuación del interés de este último por la historia de las formas lingüísticas indoeuropeas, especialmente la categoría de los nombres. Debido al carácter técnico y especializado de estos primeros trabajos, pocos conocían a Benveniste fuera de un círculo relativamente estrecho de eruditos.

La situación cambió con la publicación del primer volumen de sus Problémes de linguistique générale (Problemas de lingüística general), en 1966. Un segundo volumen apareció en 1974. El libro reúne los escritos más accesibles de Benveniste durante un periodo de más de veinticinco años, y observa el lenguaje como un objeto lingüístico y semiótico, como un fenómeno social y cultural y como un vehículo para la subjetividad. Tras la publicación de la obra, Benveniste se convirtió en una figura importante para la evolución de la tendencia estructuralista en las ciencias sociales y las humanidades. Lacan, por ejemplo, reconoce en sus Écrits que es Benveniste quien asesta un golpe mortal a la interpretación conductista con el análisis de que, al contrario que la comunicación entre las abejas, el lenguaje humano no es un mero sistema de estímulo y respuesta. Y Kristeva ha advertido que la teoría de los pronombres de Benveniste –especialmente la relación entre “yo” y “tú”–, o lo que se denomina la polaridad de yo y tú, tiene una importancia fundamental para desarrollar una concepción dinámica de la subjetividad. Igualmente, Roland Barthes vio con claridad la importancia crucia1 de los textos de Benveniste sobre la “voz media” del verbo para entender la posición del escritor actual, el autor que escribe de forma intransitiva (voz media).

En su trabajo sobre los pronombres, Benveniste desarrolló una teoría de la diferencia entre el énoncé (afirmación independiente del contexto) y la énonciation (el acto de afirmar asociado al contexto). Dado el fenómeno de “deixis” elaborado por Roman Jakobson, ningún significado de un énoncé que contenga pronombres y otros indicadores del deíctico (“aquí”, “allí”, “este”, “ese”, etc.) puede entenderse sin hacer referencia al contexto, que aquí equivale al acto de enunciación. Concediendo que es difícil dar un ejemplo de énonciation porque, de hecho, un énoncé es siempre el vehículo necesario para cualquier ejemplo (un ejemplo es un caso de acto de habla sacado fuera de contexto), es importante reconocer que el sujeto en el lenguaje es inseparable de su realización. En otras palabras, el sujeto no equivale a la categoría que se le atribuye en la estructura gramatical formal. En ésta, el sujeto es siempre la entidad fija y estática que se da en el énoncé. En resumen, pues, el análisis de Benveniste es que toda lingüística que quiera hacer justicia a la dinámica del lenguaje debe verlo como un “ejemplo discursivo”, es decir, como un discurso. El discurso es la puesta en práctica del lenguaje.

Un elemento clave de la teoría del lenguaje como discurso en Benveniste es su teoría de los pronombres y, en especial, la teoría de la polaridad entre yo y tú. Desde el punto de vista gramatical, dicha polaridad constituye los pronombres de primera y segunda personas, con la tercera persona constituida por él-ella-ello. La idea de Benveniste es que la tercera persona funciona como condición de posibilidad de la primera y la segunda; la tercera persona es una “no persona”, una categoría revelada por la voz neutral de la narración o descripción, la voz de la denotación. Kristeva llegará a pensar que esta polaridad es la clave para entender la dinámica de la relación entre sujeto y objeto (yo = sujeto, tú = objeto) en el lenguaje. El resultado es que, ahora, la polaridad entre yo y tú tiene significado sólo en relación con el ejemplo actual de discurso. Como explica nuestro autor al hablar de la “realidad” a la que se refiere el yo o el tú. «Yo significa “la persona que emite el ejemplo actual de discurso que contiene el yo”. Este ejemplo es único, por definición, y posee validez exclusivamente por ese carácter único… Yo puede identificarse solamente por el ejemplo de discurso que lo contiene» (1). Por su parte, se define de la siguiente forma:

 

al introducir la situación de “invocación”, obtenemos una definición simétrica para el como “el individuo al que se habla en el ejemplo actual de discurso que contiene la muestra lingüística de “. Estas definiciones [añade Benveniste] se refieren a yo y tú como una categoría del lenguaje y están relacionadas con su posición dentro de él (2).

 

Más en general, Benveniste considera el lenguaje, esencialmente, como un diálogo entre dos o más partes, a diferencia de un sistema de señales en el que no hay diálogo. Además, en el lenguaje se puede transmitir un mensaje a una tercera persona, al contrario que en un sistema de señales en el que el “mensaje” no va más allá de quien lo recibe. Por último, el lenguaje humano es una forma que permite una variedad infinita de contenidos, mientras que un simple sistema de comunicación basado en una señal está siempre limitado a lo que está programado (por ejemplo, el sistema de señales de las abejas hace referencia exclusivamente a la miel). Una repercusión importante de estos análisis es que el lenguaje humano se puede utilizar de modo irónico o de una forma que requiera la interpretación y reinterpretación constante de los múltiples significados posibles latentes en la énonciation. Ello significa que el lenguaje humano posee un aspecto innegablemente poético y ficticio. Y a este hecho va unida otra connotación, la de que el lenguaje humano, qua énonciation, nunca se repite con exactitud, como ocurre con un sistema de señales.

Aunque no siempre afirmó que el pensamiento y el lenguaje fueran idénticos, Benveniste no aceptaba tampoco la posición de Hjelmslev, para quien el pensamiento estaba totalmente separado del lenguaje. Benveniste señalaba que, en la práctica, es imposible separar pensamiento y lenguaje porque, como mínimo, el lenguaje debe ser el vehículo del pensamiento. Corno dice Benveniste, “quienquiera que intente captar el marco de pensamiento apropiado encuentra solamente las categorías del lenguaje” (3).

Aunque Benveniste fue un firme defensor de la importancia de Saussure para la historia de la semiótica y la lingüística modernas, también reconoció la necesidad de modificar su teoría, sobre todo respecto a la relación que Saussure establece entre ambas materias. La lingüística, afirmaba Saussure en el Curso de lingüística general, quedaría al final subsumida en la semiótica, la disciplina que estudia los sistemas de signos. Benveniste reconocía que era preciso revisar minuciosamente esta predicción. Al hacerlo, advirtió que sistemas lingüísticos como el código Morse, el Braille o el lenguaje de signos para sordomudos se pueden traducir entre unos y otros, mientras que los sistemas semióticos se caracterizan por su falta de redundancia y, por consiguiente, no son mutuamente traducibles. Como explica nuestro autor, «no existe “sinonimia” entre los sistemas semióticos; no se puede “decir la misma cosa” mediante el habla y mediante la música, puesto que se trata de sistemas con una base distinta» (4). No obstante, dos sistemas semióticos pueden muy bien tener la misma base constituyente pero seguir siendo intraducibles, como, por citar al propio Benveniste, el rojo en el código de circulación y el rojo en la bandera tricolor francesa. Por tanto, concluye, no hay un solo sistema de signos que trascienda a todos los demás sistemas; la posibilidad de una semiótica global que incluyera la lingüística queda muy reducida. Quizá sea mucho más probable lo contrario, es decir, que el sistema lingüístico sea la base de traducción de todos los sistemas semióticos.

Junto al análisis que hace Benveniste de la diferencia entre los sistemas semióticos y lingüísticos se encuentra su examen de la diferencia entre las dimensiones semiótica y semántica del lenguaje. La semiótica (le sémiotique) es el modo de significación propio del signo. Esencialmente, la semiótica existe cuando se reconoce. Es independiente de cualquier referencia. Por el contrario, el aspecto semántico debe entenderse, y no reconocerse. En consecuencia, depende totalmente de la referencia y está engendrado por el discurso.

Benveniste adquirió gran influencia durante los años 60 por sus escritos sobre la naturaleza del lenguaje. Como Lévi-Strauss, señalaba que el lenguaje constituye el orden social, y no a la inversa. Además, fue Benveniste quien demostró que el aspecto único y paradójico del lenguaje en su situación social es su condición de instrumento supraindividual que puede cosificarse (de ahí la lingüística) y que, como ejemplo de discurso, constituye la individualidad. De hecho, la polaridad entre yo y tú implica que el individuo y la sociedad ya no son términos contradictorios; no existe individualidad sin lenguaje ni lenguaje independiente de una comunidad de hablantes. Aunque Benveniste reconocía que es perfectamente posible estudiar la historia de los lenguajes de cada nación –del mismo modo que es posible estudiar la historia de las sociedades–, no se puede estudiar la historia del lenguaje en sí, ni la historia de la sociedad en sí, porque sólo dentro del lenguaje y la sociedad es posible la historia.

 

 

Para la humanidad, el lenguaje (langue) y la sociedad son realidades inconscientes… ambos son siempre heredados y no podemos imaginar, en el ejercicio del lenguaje y la práctica de la sociedad, que haya podido haber nunca, a ese nivel esencial, un comienzo para ninguno de ellos. La voluntad humana no puede cambiar ninguno de los dos (5).

 

Por consiguiente, es indudable que ocurren cambios importantes dentro de las instituciones sociales, pero el vínculo social, en sí, no cambia; igualmente, las designaciones del lenguaje pueden modificarse, pero no el sistema de la lengua. Benveniste intentó convencer de ello a quienes, como Freud en algunos de sus textos, explicaban el lenguaje y la sociedad desde el punto de vista de la ontogénesis. El riesgo es hacer que la forma “primitiva” (de la sociedad, el lenguaje, la cultura) sirva de explicación para la forma más avanzada. En este sentido, Rousseau y varios antropólogos influidos por él consideraban que las sociedades “primitivas” eran la “infancia” de la humanidad y, por tanto, guardaban la clave para conocer los cimientos de la sociedad occidental. En honor de Benveniste hay que decir que, en 1956, demostró que tampoco Freud se había librado de la tentación de acudir a una ontogénesis para explicar el sueño, las palabras primordiales y el lenguaje en general. La respuesta de Benveniste consiste en destacar que

 

al parecer surgieron confusiones en Freud debido a su recurso constante a los “orígenes”: los orígenes del arte, la religión, la sociedad, el lenguaje… Estaba permanentemente haciendo la transposición de lo que consideraba “primitivo” en el hombre a un primitivismo original, porque proyectaba en la historia de este mundo lo que denominaríamos una cronología de la psique humana (6).

 

Al llamar la atención sobre los peligros de permitir que la ontogénesis ejerciera una gran influencia en la teoría social, Benveniste demuestra ser uno de los que abrieron la puerta al enfoque estructuralista (y después postestructuralista) del análisis y la interpretación de los fenómenos sociales. Demostró de forma concluyente que el lenguaje no tiene origen precisamente porque es un sistema. Por tanto, no puede haber lenguaje primitivo. El lenguaje cambia, pero no progresa. Desde el punto de vista lingüístico, todo lenguaje natural, sin excepción, es complejo y muy diferenciado. Con Benveniste, el etnocentrismo de la primera etnografía recibe un golpe mortal.

 

 

NOTAS

 

  1. Émile Benveniste, Problems in General Linguistics,trad. de Mary Elizabeth Meek, Coral Gables, Florida, University of Miami Press, “Miami Linguistics Series num. 8”, 1971, pág. 218.
  2. Ibíd.
  3. Ibíd., pág. 63
  4. Émile Benveniste, Problèmes de linguistique générale, vol. 2, París, Gallimard, TEL, 1974, pág. 53.
  5. Ibíd., pág. 94.
  6. Benveniste, Problems in General Linguistics, pág. 72.

 

 

PRINCIPALES OBRAS DE BENVENISTE

 

Origines de la formation des noms en indo-européen, París, A. Maisonneuve, 1935

Les Infinitifs avestiques, París, A. Maisonneuve, 1935.

Noms d’agent et noms d’action en indo-européen, París, A. Maisonneuve, 1948.

Titres et noms propres en iranien ancien, París, Klincksieck, “Travaux de l’Institut d’Etudes Iraniennes de l’Université de Paris, I”, 1966.

Problèmes de linguistique générale, vol. 1, París, Gallimard, 1966.

Problèmes de linguistique générale, vol. 2, París, Gallimard, 1974.

Vocabulario de las instituciones indoeuropeas,Madrid, Taurus, 1983.

 

 

OTRAS LECTURAS

 

LOTRINGER, Sylvèrer y GORA, Thomas (eds.): “Polyphonic linguistics: The many voices of Emile Benveniste”, suplemento especial de Semiotica, La Haya, Mouton, 1981.

 

 

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